De Tanto Caminar

6 abril, 2008

Mmm ,donde estoy? A donde voy ahora ? ,aturdido ? melancolico ? nostalgico ? perdido ? estoy en la matriz de mi problema ,mi problema se basa en mis miedos,en mi inseguridad y en la hora de planear cosas ,nunca dejo que las cosas sucedan naturalmente ,es como si las tuviera que preparar y ese miedo ,es como si oliera a distancia y ese miedo se puede convertir en una forma de aprovecharse de los demas ,utilizando mi corazón y mi mente ingenua cargada de honor ,definitivamente es imposible caerle bien a todo el mundo ,siempre me he esforzado porque asi sea en un intento fallido de todo ,porque cuando lo das todo a veces ,te pegas batacazos que son dificiles de recuperar.
 
Y cuando estas en el camino de la recuperación,siendo un camino largo,el camino más largo que una persona puede hacer ,sobre en el entorno que siempre me ha producido dolor absoluto de cabeza y en la cual siempre salgo bastante perjudicado porque me implico demasiado con esas supuestas parejas entre comillas que de alguna manera consigo hacer huir ,en cuanto huelen mi miedo,huyen… y no puedo hacer más que observar…es una sensación frustante.
 
Muchas personas me han dicho que soy especial ,sera verdad eso? me gustaria creermelo yo tambien.
 
Tengo tantas cosas que pulir…eso de ser buena persona no va conmigo ,porque siempre me sueltan el mismo sermón..no soy buena persona ,simplemente intento demostrar Fuerza y Honor en medio de un mundo del cual creo que no tiene sentido ,pero esta vez voy a probar algo nuevo,vivir del presente y no del futuro ,es el miedo que más me ha corroido por dentro.
 
Soy una mezcla de Gaara,Naruto,Lucy y no tengo remedio ,porque muchas veces me siento como si estuviera fuera de lugar,solo se que soy humano y nacido con defectos y por suerte he nacido alli donde tengo que comer y dormir.
 
Nuestro cerebro está programado para sobrevivir, no para ser feliz.De tanto caminar uno se cansa ,de tanto lloriquear uno se harta…
 
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Una respuesta to “De Tanto Caminar”

  1. Francisco Says:

    Por bulerías
     

    Quién me conoce, sabe de mi afición por todo lo andaluz; por las tonadilleras, por el flamenco, por las sevillanas, por las gallegas, por las inglesas, por las griegas e italianas, por las aragonesas, por las rusas y por las vascas sin importarme mucho el orden en que aparezcan.

    Me atraen los cantes a la guitarra y soy capaz de intervenir con cierta brillantez en alguna tertulia en la que se hable de Pepe Marchena, Fernando de Utrera, La Chana, Camarón o Rancapino. Por lo tanto nada me divierte más que un cante por bulerías o un poquito por tangos y seguiriyas.

    El ambiente de los tablaos rehace milagrosamente el ímpetu perdido durante el día con la embolia del trabajo o la asfixia de alguna angustia vital. Pero… ésto iba de relatos eróticos, ¿no?.
    Pues bien, una madrugada en cierto tablao de Marbella, conocí a una chica espigada y morena, era casi una adolescente, me dijo que tenía veinte años pero aparentaba alguno menos. Ella había estado bailando por sevillanas con una amiga y yo no le quitaba ojo desde la barra. Movía las manos como Pastora Imperio y su cuerpo podría haber sido elegido por Miguel Ángel como modelo para esculpir a una diosa de la fertilidad.

    -Niña, ¿bailamos?, me apetece suicidarme ésta noche y esos brazos, matan. Sonrió y dijo:
    -No sé, no sé, hay luna llena y tus colmillos dan la impresión de estar sedientos de sangre, pero puedes sentarte con nosotras, luego bailamos que ahora estoy muertita de la sed.
    Hay cosas que se perciben enseguida y no tardé mucho en llegar a la conclusión de que esa niña con su vestidito de pocajontas cortísimo, ceñidísimo y escotadísimo debía ser una de esas putillas con aspecto de amateur que María, la dueña del garito ponía de cebo para satisfacer la líbido de los muchos millonarios del ladrillo que pasaban por allí.
    -Venga, ésta sevillana, me gusta, dijo cogiéndome la mano al levantarse para salir a la pista. El cantaor había empezado a cantar una de Chiquetete, “A la puerta de toledo, mare, le tengo miedo”.
    -Yo si que estoy empezando a cogerte miedo, mi arma, le dije.
    -¡Cobarde!, me dijo sonriendo.
    Media hora más tarde, llegó un tipo gordo bastante mayor con un montón de gente y de forma estentórea empezó a decirle al camarero que no faltara en las mesas champán para todo el mundo porque celebraba no sé qué firma del ayuntamiento para construir una urbanización, y fijándose en las chicas que estaban conmigo nos invitó a sentarnos con ellos.
    Ahora estaba seguro, ellas parecían conocerlo muy bien. Seguramente estaban acostumbradas a que les tocara ese tipo de premios gordos. El caso es que la nausea que me producía aquél mafioso era inversamente proporcional a las, podríamos decir, inmorales carantoñas que le dispensaban mis nuevas amigas y otras cuatro o cinco jovencísimas muchachas que él había traído. Se le sentaban en la hernia, tapizada con una tonelada de sebo del vientre moviendo el culo junto a su ingle de puerco.
    -Yo me voy, le dije a la morena.
    -Tú, te quedas, me dijo ella, sacando la punta de su lengua.
    -¿No te querías suicidar?.

    Continuará


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